jueves, 24 de marzo de 2011

miércoles, 24 de febrero de 2010

Me puse a pensar como soy desde que estás....

Voy siguiendo tus pasos por los libros.
Aún sabiendo que nunca te alcanzaré.
Pensando que harás algún alto en el camino para contarme.
Para cafecear conmigo y contarme.
Veo como llueve a través de tu ventana.
Y me moja la lluvia que te toca.
Veo los paisajes que me pintas con palabras.
Espero a que aparezcas con letras o con músicas.
Viajo a tus destinos.
Comparto contigo el tiramisú que ahora siempre pido de postre.
Aunque me lo como enterito.
Tomó un café y estás.
Y tomo tantos como antes.
Aunque ya no sé cuando es antes.
Y todo esto desde entonces.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Vete

Limítate a ignorarme, por favor.
No me pidas que sonría.
Sabes que no te quiero y aún así me buscas.
Y crees que debo ser feliz sólo porque estás.
Pero me agota tu dedicación.
Me exaspera tu cuidado.
Me resigno y te tolero.
Pero sólo deseo escapar.
Y aunque me traes luces y regalos,
o quizá por eso,
no te quiero.
Y aunque prometes amor,
o quizá justo por eso,
no te creo.
Deja de llenar mi soledad.
No pretendas un rescate.
No inventes mis historias.
Desaparece.
Aunque vuelvas.
Pero dame un tregua, navidad.

martes, 3 de noviembre de 2009

Desde que no vengo

Desde que no vengo te había olvidado. Me había olvidado. Y sin embargo parece que fue ayer, o sólo un poco antes.
Desde que no vengo es como si no estuviera. O sencillamente no estoy. Y no has venido a buscarme. O no me has encontrado.

Desde que no vengo apareció un desierto en mi alma que no sé si atravesar.
Y se han secado las palabras. Y me he quedado sin letras para construir otras.

Desde que no vengo he seguido andando, a la deriva.

Y he continuado acumulando historias de otros. Viendo como viven los demás. E inventándoles la vida que no veo.

Y han pasado más cosas mientras no venía.

Me han dejado sin terracita y con ella sin atardeceres, sin cervecitas de media tarde en las alturas, sin ese cigarrito del día que apetece un cigarrillo, sin el baile de las golondrinas, sin mi paisaje de antenas y de grúas.

También han dejado la finca sin ascensor y me toca compartir la escalera con los vecinos.

He pasado un miedo atroz leyendo del miedo.

He aprendido a componer nanas mientras recibo el abrazo más grande de la persona más pequeña.
Tomo más café pero mantengo el nivel de tristeza.
Todavía prefiero ir sola al cine.

Sigo sin encontrar quien ande a mi ritmo. Y sin encontrar otro ritmo al que adaptarme.

Continúo perdiendo las apuestas, errando los pronósticos.

Viendo de lejos que esos dos no pegan ni con cola y sabiendo que tendrán un futuro próspero con una gran tele de plasma y un par de retoños.

He descubierto que la vida es una lechuga y observo como preparas la ensalada.

He rescatado la mecedora de mi abuela que ha vuelto al lugar donde estaba cuando estaba ella.
Desde que no vengo escribo de cosas que no son yo. Y las publican! Será que guardo el caos para el blog y el orden queda bien sobre el papel.
Desde que no vengo sigo viviendo, dejándome vivir.

sábado, 24 de octubre de 2009

Más letras

También me gusta comer letras. No sé el tiempo que hacía que no comía pero hoy me apeteció. De repente. Sin más. Como pasan las cosas. Y había, que no suele pasar.
Entran revueltas, mezcladas con números. Y ahora me salen por la ojeras, más revueltas si cabe. Tampoco saben qué quieren. Que acaben las obras de una vez. Poder salir de nuevo a la terraza

viernes, 26 de junio de 2009

Instrucciones para dar un beso

A veces sientes un cosquilleo que saliendo del estómago llega hasta los labios por un camino que no sabrías precisar. Suele ocurrir cuando aparece alguien delante con un color especial en sus labios provocado tal vez por el mismo cosquilleo. Sucede que se activa un resorte, como pasa con los imanes, que hace que los labios se busquen. Los ojos guían a los pies en la primera etapa. Cuando no queda espacio para seguir andando lo ojos ya no sirven por lo que generalmente se cierran. La cabeza parece que empieza a pesar porque de repente se inclina hacia un lado, generalmente el opuesto al de la cabeza de ese alguien que no debe confundirse con la propia aunque a veces suceda. La cabeza sigue avanzando hacia la cabeza generándose una carga eléctrica que se dispara al primer contacto. En este preciso instante todavía es posible retroceder, de no hacerse la cabeza está perdida.

lunes, 22 de junio de 2009

Trastos

El orden es lo que hace que los trastos dejen de serlo. Que se transformen en recuerdos. El orden y la atención con que se acumulan.
He estado trasteando esta mañana en la cambra de la casa de mis padres, que fue la de mis abuelos y también la de sus padres. La primera impresión es la de trastero: abandono y descuido. Cohabitan objetos que no merecen ese lugar con otros que están en su espacio natural, que fueron parte de alguno de nosotros y que provocan una sonrisa de desconcierto y un montón de imágenes y sensaciones vividas. Son los soportes físicos de los recuerdos, porque la mente necesita un estímulo corpóreo para activarse. Porque tantas ideas se confunden entre ellas y se pierden y desaparecen.
A lo que iba. Encontré una caja de lata, negra, con motivos chinos. Mi abuela tenía varias. Ella sí lo guardaba todo. Con orden, atención, hasta con cariño. Como se guardan las cosas pensando en mañana y pensando en otros. La caja tenía nombre "Hilos". Ella hacía ganchillo. También punto, pero para eso tenía una cesta de mimbre. Me ha gustado la caja y he decidido quedármela. Yo no coso y aunque me gusta la idea de llenarla de hilos de colores he pensado que contenga hilos de vida. Para mí son las cartas, el hilo que une el ir y venir de dos, el hilo que junta en un momento determinado dos caminos para contarse de donde vienen y adonde planear ir juntos o por separado según disponga la luna. Pero internet acabó con las cartas. Tendré que recuperar la costumbre e imponerla a otros. O conseguir un portátil más pequeño que quepa en la caja.