El orden es lo que hace que los trastos dejen de serlo. Que se transformen en recuerdos. El orden y la atención con que se acumulan.
He estado trasteando esta mañana en la cambra de la casa de mis padres, que fue la de mis abuelos y también la de sus padres. La primera impresión es la de trastero: abandono y descuido. Cohabitan objetos que no merecen ese lugar con otros que están en su espacio natural, que fueron parte de alguno de nosotros y que provocan una sonrisa de desconcierto y un montón de imágenes y sensaciones vividas. Son los soportes físicos de los recuerdos, porque la mente necesita un estímulo corpóreo para activarse. Porque tantas ideas se confunden entre ellas y se pierden y desaparecen.
A lo que iba. Encontré una caja de lata, negra, con motivos chinos. Mi abuela tenía varias. Ella sí lo guardaba todo. Con orden, atención, hasta con cariño. Como se guardan las cosas pensando en mañana y pensando en otros. La caja tenía nombre "Hilos". Ella hacía ganchillo. También punto, pero para eso tenía una cesta de mimbre. Me ha gustado la caja y he decidido quedármela. Yo no coso y aunque me gusta la idea de llenarla de hilos de colores he pensado que contenga hilos de vida. Para mí son las cartas, el hilo que une el ir y venir de dos, el hilo que junta en un momento determinado dos caminos para contarse de donde vienen y adonde planear ir juntos o por separado según disponga la luna. Pero internet acabó con las cartas. Tendré que recuperar la costumbre e imponerla a otros. O conseguir un portátil más pequeño que quepa en la caja.
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En mi caso, internet y sus buenos efectos secundarios me ha permitido recuperar la caja de hilos con motivos chinos.
ResponderEliminarQue dicho sea de paso, es una caja preciosa. Mi abuela tenía una igual. Idéntica.
Este texto tuyo es familiar, primo hermano, por lo menos...
Gracias por el "empuje"...