No por necesidad de contar, porque las palabras no me han quemado nunca adentro. Más bien ahí están a salvo ya que siempre que ha intentando salir algo que en mi cabeza parecía brillante, o moderadamente bueno al menos, ha acabado haciéndose añicos contra el papel. Mis palabras deben ser inelásticas y no soportan el impacto con la realidad.
Tampoco es gusto por contar, porque siempre he preferido que me cuenten, un amigo, un desconocido en el autobús, el libro que me recomiendas, la película que no sé de qué va, un cuadro que habla, el árbol de la esquina, una canción de Sabina, una mirada que sonrie, y para sonrisas la luna.
La informática no me gusta y el ordenador es trabajo menos cuando la red y el azar te cruzan en mi camino.
Ni me sobra tiempo que se escurre de mis dedos cada vez con más agilidad.
Siempre encuentro no razones y nunca doy con un sí.
lunes, 27 de abril de 2009
El título
Hay dos tipos de personas: las que hacen algo y luego le ponen título y las que ponen título a proyectos que tal vez nunca emprenden. Yo pertenezco al segundo grupo, al menos en este caso.
Ácido monoprótico desconocido es un nombre que pensé para un grupo de música. Más que pensarlo me asaltó en una clase de química: "Un ácido monoprótico desconocido reacciona con X dando Y y Z, ...". Había que dar con el desconocido y acabar con su nombre de duda. Desde el principio lo asocié al rock y lo guardé en mi memoria sabiendo que nunca alcanzaría su destino.
Tampoco pensaba que alguna vez crearía un blog así que algo que no debería existir merece un título que nunca designaría nada y que en parte lo disculpa de ser.
Ácido monoprótico desconocido es un nombre que pensé para un grupo de música. Más que pensarlo me asaltó en una clase de química: "Un ácido monoprótico desconocido reacciona con X dando Y y Z, ...". Había que dar con el desconocido y acabar con su nombre de duda. Desde el principio lo asocié al rock y lo guardé en mi memoria sabiendo que nunca alcanzaría su destino.
Tampoco pensaba que alguna vez crearía un blog así que algo que no debería existir merece un título que nunca designaría nada y que en parte lo disculpa de ser.
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Si te ha interesado el título probablemente no te interese el contenido del blog. Y si no te ha gustado podría ser de tu incumbencia aunque seguramente habrás saltado al siguiente antes de empezar leer. Nos enfrentamos, al menos en aparencia, a un desencuentro. La contradicción que llevamos encima y de la que no podemos desprendernos.
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