martes, 3 de noviembre de 2009

Desde que no vengo

Desde que no vengo te había olvidado. Me había olvidado. Y sin embargo parece que fue ayer, o sólo un poco antes.
Desde que no vengo es como si no estuviera. O sencillamente no estoy. Y no has venido a buscarme. O no me has encontrado.

Desde que no vengo apareció un desierto en mi alma que no sé si atravesar.
Y se han secado las palabras. Y me he quedado sin letras para construir otras.

Desde que no vengo he seguido andando, a la deriva.

Y he continuado acumulando historias de otros. Viendo como viven los demás. E inventándoles la vida que no veo.

Y han pasado más cosas mientras no venía.

Me han dejado sin terracita y con ella sin atardeceres, sin cervecitas de media tarde en las alturas, sin ese cigarrito del día que apetece un cigarrillo, sin el baile de las golondrinas, sin mi paisaje de antenas y de grúas.

También han dejado la finca sin ascensor y me toca compartir la escalera con los vecinos.

He pasado un miedo atroz leyendo del miedo.

He aprendido a componer nanas mientras recibo el abrazo más grande de la persona más pequeña.
Tomo más café pero mantengo el nivel de tristeza.
Todavía prefiero ir sola al cine.

Sigo sin encontrar quien ande a mi ritmo. Y sin encontrar otro ritmo al que adaptarme.

Continúo perdiendo las apuestas, errando los pronósticos.

Viendo de lejos que esos dos no pegan ni con cola y sabiendo que tendrán un futuro próspero con una gran tele de plasma y un par de retoños.

He descubierto que la vida es una lechuga y observo como preparas la ensalada.

He rescatado la mecedora de mi abuela que ha vuelto al lugar donde estaba cuando estaba ella.
Desde que no vengo escribo de cosas que no son yo. Y las publican! Será que guardo el caos para el blog y el orden queda bien sobre el papel.
Desde que no vengo sigo viviendo, dejándome vivir.